Audi A2 e-tron: el eléctrico que supera al diésel de 3 litros 25 años después
Escuchar este artículo Voz: Antonio · AutoNews24

Audi ha recuperado uno de los nombres más singulares de su historia para convertirlo nuevamente en un símbolo de eficiencia. El nuevo Audi A2 e-tron homologa un consumo de 12,8 kWh cada 100 kilómetros en su versión de 140 kW, equivalente a 190 CV.

La cifra lo convierte en el Audi de producción más eficiente hasta la fecha. Sin embargo, el resultado invita a compararlo con el sorprendente Audi A2 1.2 TDI 3L, que hace 25 años ya anunciaba un consumo de apenas 2,99 litros de diésel cada 100 kilómetros.

Las claves de los dos Audi A2

El antiguo Audi A2 1.2 TDI 3L se convirtió en una referencia de eficiencia gracias a tres características principales: un peso de solo 855 kilogramos, un coeficiente aerodinámico de 0,25 y un consumo homologado de 2,99 l/100 km.

Por su parte, el nuevo Audi A2 e-tron combina una batería de litio-ferrofosfato —LFP— con un motor eléctrico de 140 kW. Su consumo homologado de 12,8 kWh/100 km lo sitúa como el automóvil de producción más eficiente desarrollado por la marca alemana.

A primera vista, la comparación parece favorecer claramente al vehículo eléctrico. No obstante, las cifras deben analizarse considerando la eficiencia de cada sistema y las diferencias entre los ciclos de homologación.

¿Cuánta energía contienen tres litros de diésel?

Un litro de diésel contiene aproximadamente 9,8 kWh de energía. Por tanto, los 2,99 litros que consumía el Audi A2 1.2 TDI equivalían a unos 29,3 kWh por cada 100 kilómetros.

Desde esta perspectiva, los 12,8 kWh/100 km del nuevo A2 e-tron representan menos de la mitad de la energía empleada por su antecesor. Audi puede afirmar que su nuevo eléctrico es el modelo más eficiente de su historia si se considera la energía necesaria para completar la misma distancia.

Sin embargo, la comparación directa no cuenta toda la historia.

Un motor diésel no convierte toda la energía del combustible en movimiento. Una parte importante se pierde en forma de calor a través del motor, el sistema de refrigeración y el escape. También deben considerarse las pérdidas mecánicas del conjunto.

El sistema eléctrico aprovecha una proporción mucho mayor de la energía almacenada en la batería. Esa mayor eficiencia es una de las ventajas fundamentales de esta tecnología.

El Audi A2 diésel necesitaba muy poca energía para moverse

Si se considera que alrededor de un tercio de la energía química del diésel terminaba transformándose en trabajo útil, los 29,3 kWh de combustible equivaldrían a unos 9 o 10 kWh de energía mecánica por cada 100 kilómetros.

El cálculo del nuevo Audi A2 e-tron tampoco es completamente directo. Su cifra WLTP incluye las pérdidas relacionadas con la recarga. Audi sitúa la eficiencia de carga de su batería LFP en un 89,6%.

Después de la recarga todavía existen pérdidas entre la batería, la electrónica de potencia, el motor eléctrico y las ruedas. Por esta razón, el consumo indicado por el vehículo no se transforma íntegramente en movimiento.

Una vez consideradas las pérdidas de ambos sistemas, la energía mecánica utilizada para desplazar al antiguo A2 diésel resulta sorprendentemente cercana a la que necesita su sucesor eléctrico.

La diferencia es importante: el nuevo Audi aprovecha mucho mejor la energía que recibe, mientras que el anterior había sido diseñado para necesitar muy poca energía para desplazarse.

Dos ciclos de homologación diferentes

Las cifras tampoco proceden del mismo procedimiento de pruebas. El Audi A2 1.2 TDI obtuvo sus 2,99 l/100 km bajo el antiguo ciclo NEDC, mientras que el nuevo modelo homologa su consumo mediante el protocolo WLTP.

El WLTP reproduce condiciones de conducción más exigentes y cercanas al uso cotidiano. Además, no se conoce con precisión la eficiencia media que mantuvo el pequeño motor TDI durante todo el ciclo utilizado hace 25 años.

Por tanto, la comparación permite comprender la evolución tecnológica, pero no debe interpretarse como una prueba realizada en condiciones idénticas.

Un peso de 855 kilos y un Cx todavía sorprendente

Audi consiguió el bajo consumo del A2 1.2 TDI mediante una estrategia que actualmente sería muy difícil de repetir. El vehículo pesaba solamente 855 kilogramos, unos 135 kilos menos que la versión convencional.

Para alcanzar esa cifra, la marca utilizó aluminio de manera extensiva. También incorporó llantas forjadas ligeras, asientos aligerados, neumáticos especialmente estrechos y unos bajos diseñados para reducir las turbulencias.

Su coeficiente aerodinámico era de 0,25. El nuevo A2 e-tron, desarrollado con herramientas de simulación mucho más avanzadas, consigue un Cx de 0,24. La diferencia entre ambos es de apenas una centésima.

El nuevo Audi A2 ofrece mucho más

La comparación no puede limitarse al peso o al consumo. El Audi A2 3L desarrollaba solamente 61 CV, mientras que el nuevo eléctrico alcanza los 190 CV.

El modelo actual también ofrece prestaciones, conectividad, seguridad, equipamiento y confort muy superiores. Además, debe transportar una batería de gran capacidad y cumplir unas normas de protección mucho más exigentes.

El mérito, por tanto, puede repartirse. El Audi A2 e-tron demuestra el avance de la movilidad eléctrica al recorrer 100 kilómetros utilizando menos de la mitad de la energía de entrada.

El antiguo A2 recuerda otra lección importante: la eficiencia no depende únicamente del motor. Reducir el peso, mejorar la aerodinámica y diseñar un automóvil que necesite menos energía para moverse sigue siendo igual de relevante.

Después de 25 años, una batería LFP y un motor eléctrico permiten que el Audi A2 vuelva a convertirse en el gran escaparate tecnológico de la marca. Es, probablemente, el mejor homenaje posible para aquel peculiar automóvil de aluminio que se adelantó a su tiempo.