Quizás no los oigas, pero puedes verlos transitar por cualquier avenida de Montevideo: los autos eléctricos han entrado al paisaje urbano de Uruguay a un ritmo insólito para América Latina.
El país sudamericano alcanzó hace más de un año el mayor número de vehículos eléctricos livianos per cápita en la región (5.382 por millón de habitantes a diciembre de 2024), según un estudio de la Organización Latinoamericana y Caribeña de Energía (Olacde).
Desde entonces, el fenómeno ha crecido sin pausa.
Uno de cada cinco vehículos cero kilómetros vendidos el año pasado en Uruguay fueron eléctricos, de acuerdo a Acau, la asociación local del comercio automotor.
Eso significó un aumento exponencial de 147% respecto a 2024 y colocó a Uruguay al tope de un ranking latinoamericano de penetración de vehículos eléctricos en el mercado que elabora Zemo, un observatorio sin fines de lucro sobre este tipo de movilidad.
En Costa Rica, otrora líder de ese ranking, 17% de los vehículos nuevos comercializados en 2025 fueron eléctricos.
Y a nivel de la región en general (sin incluir a países como Bolivia, Honduras, Nicaragua o Venezuela, por falta de datos) las ventas de eléctricos representaron apenas 6% del total el año pasado, lejos del 20% que tuvo Uruguay, con una tasa similar a la registrada en Europa.
«Uruguay entra a tener unas tasas de crecimiento francamente explosivas en 2025» y «se convierte en esa estrella ascendente que entra a dominar la región», dice Juan Diego Celemin, experto regional de Zemo, a BBC Mundo.
La proporción de vehículos eléctricos vendidos en el país volvió a aumentar en enero: llegó a 30% del total de cero kilómetros según Acau, que prevé que la expansión continúe.
Si bien en los mercados mayores de Brasil, México y Colombia se venden más eléctricos nuevos que en Uruguay por volumen, los expertos consideran llamativo que en este país de apenas 3,5 millones de habitantes se colocaran cerca de 14.400 unidades en un año.
Entonces, ¿a qué se debe esto?
«Diferencia en el bolsillo»
Con una estabilidad política y económica atípica en Latinoamérica, Uruguay suele considerarse un país en inercia y sin cambios sorpresivos.
En cierto modo, esa idea puede ser desafiada por el boom de vehículos eléctricos.
Hasta una generación atrás, viejos modelos de Chevrolet Bel Air o Volkswagen Escarabajo como el del fallecido expresidente José «Pepe» Mujica circulaban con frecuencia por las mismas calles de Montevideo donde hoy pasan autos de corte futurista a batería, que aún son una parte ínfima del parque automotor total.
Pero los especialistas advierten que el cambio responde en gran medida a una transición que Uruguay inició en 2010 hacia fuentes locales y renovables de energía, tras un acuerdo multipartidario.
Esa política se mantiene estable con gobiernos de distinto signo político y permitió que hasta 99% de la matriz eléctrica del país se componga de fuentes hidráulica, eólica, biomasa y solar.
Así, Uruguay redujo de forma drástica la dependencia que su electricidad tenía de los combustibles fósiles, que debe importar por carecer de una producción propia de petróleo o gas natural.
Cuando el presidente uruguayo, Yamandú Orsi, asumió el cargo en marzo, utilizó en la ceremonia de investidura un vehículo eléctrico para subrayar la importancia de esa transformación.
«Hay un acuerdo nacional respecto a la matriz energética en Uruguay», dice Ignacio Paz, gerente de Acau, a BBC Mundo. «Tiene sentido en esa política fomentar la rápida inclusión de vehículos eléctricos, utilizando la generación de energías renovables».
Varios uruguayos que pasaron de un auto a combustión a otro eléctrico destacan, aparte de su andar silencioso, los ahorros personales que están logrando.
«Estamos felices y no nos interesa volver a un motor de combustión», dice Lucía Bonilla, que vive con su marido y dos hijos menores en una zona semi urbana y cambió hace seis meses a un vehículo eléctrico con el que recorren unos 100 kilómetros diarios en promedio.
Explica que cargar el auto nuevo «en casa, enchufado de noche a un tomacorrientes, como si fuera una licuadora» hoy les cuesta el equivalente US$51 por mes, una fracción de los US$386 que gastaban antes en gasolina.
«Si bien el eléctrico cero kilómetro sale más caro al comprarlo, estamos amortizando totalmente el crédito al que accedimos con el ahorro mensual en nafta (gasolina) y service», señala. «Calculamos que en menos de cuatro años vamos a empezar a quedarnos con esa diferencia en el bolsillo».
Testimonios como ese, así como una mayor oferta de marcas chinas de vehículos eléctricos que dominan el mercado y crecen en el transporte público, han producido según expertos una suerte de efecto contagio que parece apaciguar las dudas de muchos uruguayos sobre los motores a batería.
Sin embargo, la «revolución silenciosa» de la movilidad eléctrica en el país podría comenzar a encontrar algunos límites.
