Un reciente estudio realizado en Suecia ha reavivado el debate sobre la durabilidad de las baterías de los coches eléctricos. La investigación concluye que algunos modelos, como el KIA e-Niro, conservan más del 97 % de su capacidad después de recorrer 100.000 kilómetros. Sin embargo, especialistas advierten que esos resultados no pueden extrapolarse directamente a mercados con climas mucho más cálidos, como España.
La principal diferencia está en la temperatura de funcionamiento, uno de los factores que más influye en la degradación de las baterías de iones de litio.
El frío y el calor afectan de forma diferente
El estudio, elaborado por la plataforma sueca Carla a partir de casi 10.000 diagnósticos de baterías, refleja el comportamiento de vehículos utilizados en un entorno de bajas temperaturas.
Aunque el frío reduce temporalmente la autonomía, también ralentiza las reacciones químicas responsables del envejecimiento de las celdas. En cambio, las altas temperaturas aceleran el desgaste permanente de la batería, especialmente cuando el vehículo permanece expuesto al sol o utiliza con frecuencia sistemas de carga rápida durante el verano.
Por ello, un mismo modelo puede ofrecer una evolución distinta de su batería dependiendo del clima en el que circule habitualmente.
Otros estudios muestran una degradación superior
Datos publicados por la empresa de telemetría Geotab, basados en más de 22.700 vehículos eléctricos, sitúan la degradación media anual de las baterías en un 2,3 %, frente al 1,8 % registrado anteriormente.
Además, el informe señala que los vehículos que operan en climas cálidos experimentan aproximadamente un 0,4 % más de degradación anual que aquellos utilizados en regiones templadas, aunque también recuerda que los hábitos de carga siguen siendo uno de los factores más determinantes.
La Euro 7 establece nuevas garantías
La entrada en vigor de la normativa Euro 7 incorporará requisitos mínimos para la conservación de las baterías en toda Europa.
Los fabricantes deberán garantizar que las baterías mantengan al menos el 80 % de su capacidad tras cinco años o 100.000 kilómetros, y un mínimo del 72 % después de ocho años o 160.000 kilómetros.
La normativa también introducirá indicadores estandarizados para medir el estado de la batería, facilitando la comparación entre vehículos de diferentes marcas.
Qué debe revisar quien compra un eléctrico usado
Más allá de los estudios generales, los especialistas coinciden en que el elemento más importante al adquirir un coche eléctrico de segunda mano es conocer el estado real de la batería del vehículo concreto.
Solicitar un informe sobre la salud de la batería (SoH) permitirá conocer su capacidad disponible y ofrecerá una referencia mucho más fiable que extrapolar resultados obtenidos en países con condiciones climáticas muy distintas.

